Gabriel
García Márquez inicia sus memorias, Vivir
para contarla, de la siguiente manera: “La vida no es la que uno vivió,
sino la que uno recuerda y cómo la recuerda para contarla”. Por ello, es muy significativo que comience su autobiografía, no
con su llegada al mundo como cualquier biografía convencional: “Para empezar
mi historia desde el principio, diré que nací…”, sino, evocando el viaje que
hizo con su madre a Aracataca para vender la casa de sus abuelos, el coronel
Nicolás Márquez y Tranquilina Iguarán Cotes, en la que había nacido y vivido su
infancia hasta la muerte de su abuelo.