Que vivimos engañados en cuanto a los productos alimenticios que consumimos diariamente (su calidad, su composición...) es algo de lo que servidor está más que concienciado. Sin embargo, mientras que hay ocasiones en las que descubrir el pastel, nunca mejor dicho, puede resultar hasta grotesco, hay otras en las que, bien porque el descubrimiento no entraña peligros para la salud, bien por ser algo de menor importancia, puede resultar incluso simpático e interesante. Así me ha ocurrido con la mozzarella.